Operación Yasna: la factótum de la oposición

Este martes 4 de mayo, los brazos de la senadora Yasna Provoste (DC) se abrieron generosos para acoger a tres candidatos presidenciales de la centroizquierda que tuvieron actividades con la prensa en el Congreso Nacional: a las 12:11 horas acompañó a la carta de Nuevo Trato, Pablo Vidal, en una pauta para presentar la condonación de las deudas estudiantiles; a las 12.19 horas se colocó a la derecha de Ximena Rincón, donde junto a diputados y senadores de la falange fijaron su postura sobre el bono saldo cero; por la tarde, siempre en el Congreso, la presidenta del Senado recibió a la candidata presidencial del PS, Paula Narváez, quien le entregó propuestas para enfrentar las negociaciones con el Gobierno sobre una Reforma Tributaria y Renta Básica Universal.

Todos, gestos con los que Provoste pretende aquietar las ansiedades y el nerviosismo que una eventual carrera presidencial suya genera en la centroizquierda y, muy especialmente, al interior del equipo de campaña de Ximena Rincón, su camarada de partido, que ve con angustia cómo sus aspiraciones presidenciales no logran traspasar los límites del margen de error de las distintas encuestas, mismo escenario que enfrentan las cartas del pacto Unidad Constituyente y los candidatos del Frente Amplio, Gabriel Boric y Marcelo Díaz.

El revuelo político que ha causado la senadora no es fruto de la casualidad. Hace algunas semanas asumió como presidenta del Senado, una posición desde la cual pretende articular un liderazgo convocante e influyente en medio de la orfandad de la centroizquierda. Quienes la conocen, afirman que cultivó y trabajó su perfil político estos últimos tres años para llegar a este momento de liderar la testera de la Cámara Alta, para lo cual tiene un equipo especial de trabajo: el exdiputado Aldo Cornejo, quien es reconocido como su asesor político principal; Nicolás Farrán, exjefe de gabinete del senador Jorge Pizarro; y el economista Julio Valladares, además del periodista Luis Conejeros, exasesor de comunicaciones de la campaña presidencial de Alejandro Guillier.

Pero explicaciones más o declaraciones públicas menos, lo cierto es que el plan original de Provoste –ser la factótum de la oposición, el verdadero poder del sector– podría cruzarse en el corto plazo con el realismo político y terminar imponiéndose en medio de los difíciles tiempos que corren. Desde esa perspectiva, varias figuras de la centroizquierda aseguran que, si en los próximos días o en una próxima encuesta alcanza el número mágico de un 7% de intención de voto presidencial, todo podría cambiar no solo al interior de la DC, sino también para las otras candidaturas de Unidad Constituyente, que se han autoimpuesto legitimarse como cartas presidenciales en una primaria.

Muchos personeros falangistas reconocen que Provoste es, hoy por hoy, la figura política más completa al interior de la Democracia Cristiana y, probablemente, también en toda la oposición. Una mujer sinceramente de centroizquierda, que no tuvo ningún complejo en advertir –el 17 de marzo, cuando asumió la presidencia de la Cámara Alta– que “soy opositora al Gobierno del Presidente Piñera. Creo que nuestro país merece más de lo realizado por su Gobierno. Por eso, haré todos los esfuerzos que estén en nuestras manos para contribuir a lograr la más amplia unidad de la oposición, para recuperar la confianza de la gente y construir un Gobierno de mayoría a la altura de las necesidades del país y de sus aspiraciones de paz y estabilidad”.

Desde su entorno aseguran que en ese discurso está reflejado íntegramente su plan político: articular a la oposición y consolidar su imagen como la de líder del sector, ser un factor de unidad, agregan, para ayudar a conducir a las huestes opositoras a recuperar el Gobierno e impedir que la derecha no solo retenga el poder, sino que zafe también de la responsabilidad política de los errores y el mal manejo del Presidente, Sebastián Piñera, en la crisis social que estalló en octubre de 2019, como además en la crisis sanitaria y económica derivada de la pandemia del coronavirus.

En la DC dicen que la senadora Provoste considera que el escenario político actual es de tal complejidad por el desfonde del Gobierno y los efectos de la crisis social, económica y sanitaria, que se hace indispensable que alguien asuma un rol de conducción, distinto a los partidos y candidatos presidenciales, para tener cierta legitimidad ante la ciudadanía, asegurar algunas cuotas de estabilidad y paz y, así, no poner en riesgo todo el proceso constituyente.

Provoste no era tema hace algunas semanas, pero hoy su ascenso político es un hecho imposible de soslayar en cualquier oficina del Congreso, en los salones de La Moneda y en los análisis de los medios de comunicación. El problema, advierten emblemáticos líderes falangistas, es que en los grupos de WhatsApp y Telegram de la Democracia Cristiana es comentario obligado que, mientras la figura de Rincón no prende en la carrera presidencial, la imagen de la senadora Provoste crece sistemáticamente en adhesión y valoración ciudadana.

Dicho eso y tras un ejercicio de realismo que todos reconocen en la Democracia Cristiana, después repiten como un mantra que la candidata de la colectividad es la senadora Rincón y que hay que apoyarla.

La propia Yasna Provoste aseguró, hace menos de una semana –y varias veces más en los días siguientes–, que “no soy candidata a nada”, cuando antes de reunirse con el Presidente Piñera en La Moneda fue consultada por una posible carrera presidencial. Varios cercanos a la legisladora manifiestan que a ella le incomoda el tema y que no está trabajando para eso, pese a que una vez que comenzó a sonar con mayor fuerza en las encuestas instaló un despliegue comunicacional intenso en radios y matinales de televisión, por donde pululan recurrentemente los que sí se asumen como candidatos.

Desde el equipo de asesores salen a aclarar, eso sí, que el amplio despliegue en medios de comunicación en los últimos días responde única y exclusivamente a la necesidad de explicar en detalle que las negociaciones con el Gobierno por el acuerdo de mínimos comunes no es una cocina, como ha querido instalar la diputada y figura presidencial del Partido Humanista, Pamela Jiles.

También advierten que la gente necesita entender de qué se habla con «mínimos comunes» y, por ello, se han utilizado espacios de amplia penetración desde el punto de vista comunicacional. Eso sí, exigiendo no banalizar su figura, aceptando entrevistas persona a persona, pero no participando en paneles de debate con otros políticos. “La idea es recordar que se trata de la segunda autoridad del país después del Presidente de la República”, advierten.

El número mágico

Pero explicaciones más o declaraciones públicas menos, lo cierto es que el plan original de Provoste –ser la factótum de la oposición, el verdadero poder del sector– podría cruzarse en el corto plazo con el realismo político y terminar imponiéndose en medio de los difíciles tiempos que corren. Desde esa perspectiva, varias figuras de la centroizquierda aseguran que, si en los próximos días o en una próxima encuesta alcanza el número mágico de un 7% de intención de voto presidencial, todo podría cambiar no solo al interior de la DC, sino también para las otras candidaturas de Unidad Constituyente, que se han autoimpuesto legitimarse como cartas presidenciales en una primaria.

El problema para ellos es que a un par de semanas de inscribir las candidaturas para la primaria legal, Ximena Rincón, Paula Narváez, Heraldo Muñoz y Carlos Maldonado no prenden y no se avizora ningún factor que vaya a provocar un vuelco en esa tendencia.

En este escenario comienzan a sumarse las voces falangistas que no dudarían en desconocer los resultados de la primaria interna de la Democracia Cristiana, en que votaron cerca de 30 mil personas y definieron a la senadora Rincón como la abanderada presidencial del partido. De hecho, lo dijo abiertamente esta semana en Radio Cooperativa la exministra y hoy candidata a constituyente, Laura Albornoz: «Ante la eventualidad del surgimiento de una candidatura que convoque de mejor forma a los chilenos y chilenas, la verdad es que como militante no me cierro. Me imagino que Fuad (Chahin) y la propia Yasna, tanto como Ximena, tendrán que reflexionar qué es lo mejor para el país y para el conglomerado».

Al interior de la DC afirman que, puestos en esta disyuntiva, es la Junta Nacional del partido la que tendrá la última palabra y, quizás, lo más importante en este hipotético escenario sea definir el mecanismo más adecuado para bajar la candidatura de Rincón y proclamar a Provoste.

En tal contexto, las mismas fuentes sostienen que el presidente de la tienda, Fuad Chahin, “tiene la película clara” y no vería con malos ojos una posible candidatura presidencial de la senadora por Atacama, con quien –como es sabido– no tiene una relación cercana y se encuentran en posiciones diametralmente opuestas al interior de la colectividad, al punto que Provoste podría disputarle la presidencia de la falange en las próximas elecciones internas que, con toda certeza, se postergarán para después de los comicios presidenciales.

De hecho, desde el corazón de la colectividad de la flecha roja explicaron que para Provoste la gestión de Chahin está «totalmente vencida», considera que «su plazo ya expiró» y que el partido necesita un cambio de timón. Es más, en sus objetivos estaría que su liderazgo le permita incidir en las internas de la falange, ya sea como timonel o impulsando una nueva directiva afín a ella.

Independientemente de la interna, un parlamentario DC advirtió que Fuad Chahin no tendría problemas en cambiar de abanderada, ya que «por primera vez va a sentir el cosquilleo de poder llevar a la Presidencia a alguien de la Democracia Cristiana, cuestión que no se ha vuelto a repetir desde 1993, cuando ganó la elección Eduardo Frei Ruiz-Tagle”.

Poder en las sombras

De no haber cambio de planes a último minuto, el plan de Provoste –explican en la DC– es mantenerse fuera de la contienda presidencial, amarrar efectivamente los acuerdos por los mínimos comunes y consolidarse en el poder real en el sector, para desde esa posición influir en las decisiones y rumbo de la centroizquierda.

De manejar los hilos y las negociaciones sabe Yasna Provoste. Como muchos advierten, se demoró tres años en alcanzar la presidencia del Senado y, para ello, estuvo dispuesta a dejar en el camino a la senadora Carolina Goic, quien, tras ocho años en la Cámara Alta, aspiraba a ser su presidenta en este período.

Lo cierto es que la senadora Provoste, independientemente de las decisiones que se adoptan en el seno de las cúpulas del poder, prueba hoy las mieles de la política que en otras épocas fueron hieles, cuando fue destituida del cargo de ministra de Educación, tras la acusación constitucional presentada en su contra por la oposición al primer Gobierno de Michelle Bachelet, el año 2008.

Esa misma oposición está hoy en el Gobierno, uno fuertemente golpeado por su incapacidad de conducir adecuadamente la crisis sanitaria, económica y social más dura que ha enfrentado este país. Aquellos que hace años votaron en su contra para destituirla, no dudaron hace pocos días en abandonar al Presidente y rodear a Provoste en el patio de La Moneda con la esperanza de que sea ella la tabla de salvación de una administración totalmente a la deriva.

Por el otro lado, en la centroizquierda comienza a crecer la sensación de que es Provoste la única esperanza que les va quedando para recuperar el Gobierno y volver a instalarse en La Moneda, sin embargo, con todos los escenarios tan líquidos en la política, un paso en falso podría desbaratar cualquier proyecto. Quienes conocen a Provoste afirman que la acusación constitucional la cambió mucho, que los cinco años de «exilio político» la hicieron cultivar la paciencia, aprendió a manejar la ansiedad y que las cosas se consiguen paso a paso, características que en política pueden marcar mucho la diferencia.

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